El sol comenzaba a esconderse tras las montañas, tiñendo el jardín de tonos anaranjados y dorados. Algunos invitados ya se habían ido, solo quedaba la familia y amigos más cercanos. Los mellizos estaban sentados en una manta especial, rodeados de cajas de todos los tamaños y colores. Elena ya había roto el papel de la primera, revelando un osito de peluche gigante. Lo abrazó con fuerza, como si fuera su nuevo mejor amigo. Nicolás, más metódico, observó su regalo antes de abrirlo: un juego de bl