El sol brillaba como nunca aquella mañana en la villa.
El jardín parecía sacado de un cuento de hadas. Guirnaldas de flores colgaban de los árboles, creando un techo de pétalos sobre las mesas vestidas de blanco. Globos de colores pastel flotaban atados a las sillas, meciéndose con la brisa suave que venía del lago. Los patos nadaban cerca de la orilla, como si también quisieran celebrar. Los pájaros cantaban en las ramas del viejo roble, donde habían colgado una lona enorme que decía: "¡Feliz