La mañana siguiente, Ana regresó al apartamento con los mellizos antes del almuerzo.
Había pasado dos días en la villa. Dos días de risas, de fotos, de momentos que parecían sacados de un sueño. Cristóbal la había llevado de vuelta con una sonrisa en los labios, prometiendo ver a los niños pronto. Elena y Nicolás dormían plácidamente en sus sillas del auto, ajenos a la tormenta que los esperaba.
Cuando Ana abrió la puerta del apartamento de Nicolás, supo que algo andaba mal.
Él estaba sentado e