Mundo de ficçãoIniciar sessãoLa noche cayó sobre la cabaña como un juez implacable. Afuera, el viento aullaba entre los pinos, un lamento que parecía burlarse de la quietud forzada que reinaba en el interior. Mar seguía sentada en la misma silla de madera, una estatua de miseria. Habían pasado horas. El hambre le retorcía las entrañas y la sed le resecaba la garganta, pero el miedo a Selene era un carcelero mucho más eficaz que cualquier cadena. No se había m







