El eco de los pasos de Selene subiendo por la escalera metálica fue como el sonido de una cuenta atrás. Abajo, el infierno había alcanzado su máxima temperatura.
Florencio luchaba espalda con espalda con Kael, y el único mercenario que les quedaba. Se habían refugiado en un pequeño cuarto de control en la planta baja, usando el marco de la puerta como un cuello de botella; era la última trinchera. Los luisones, una marea de furia y garras, se lanzaban contra ellos, sus cuerpos chocando contra e