098. La Batalla Real
La vieja Usina Eléctrica del Puerto era un dragón de hierro dormido, un gigante de otra era que se negaba a morir del todo. Sus chimeneas de ladrillo, decapitadas por el tiempo, se alzaban contra el cielo nocturno como dedos acusadores. Sus galpones de chapa y hormigón, carcomidos por el salitre hasta los huesos, guardaban un silencio que era más denso que el de cualquier bosque. El aire acá no olía a vida. Olía a óxido, a aceite rancio, a los millones de litros de pescado que habían pasado por