060. Un Jardín de Flores Venenosas
La noche cayó sobre la cabaña como un manto de secretos. Selene no pudo dormir. Yacía en la cama, los ojos abiertos en la oscuridad, cada crujido de la madera, cada susurro del viento, magnificado por la tensión. La imagen de Mar, dentro de la cocina, se repetía en su mente como una película en bucle. El pánico en su rostro. La audacia de su invasión. Y el hecho de que ella, Selene, la había encubierto.
La decisión la carcomía. Había protegido a su traidora. A la mujer cuya mirada perversa habí