048. La Bruja de la Laguna y el Buitre de la Ciudad
Buenos Aires era un monstruo que rugía con una furia de bocinas, sirenas y millones de conversaciones anónimas. Para el Gobernador Florencio Lombardi, volver a su departamento en el piso cuarenta de una torre de cristal en Puerto Madero era como entrar en una cámara de descompresión. El aire aquí era artificial, filtrado, y las vistas eran de una jungla de concreto y poder, un panorama tan vasto y a la vez tan estéril que le revolvía el estómago. Extrañaba el olor a sal y a pino de la cabaña. Ex