022. El Eco de las Bestias Heridas
La palabra quedó flotando entre ellos, desnuda y brutal: Jodido.
No era una palabra que Florencio Lombardi usara a menudo. Su vocabulario era de poder, de control, de directivas. Pero ahí estaba, una admisión de derrota que colgaba en el aire de la cabaña con el peso de una verdad ineludible. Selene la recibió en silencio. No sintió triunfo. No sintió placer. Sintió un vértigo extraño, como si de repente el suelo bajo sus pies se hubiera vuelto menos sólido. Había querido desarmarlo, y lo había