Elena caminaba por el pasillo del club con paso firme, aunque su pecho latía con fuerza. Esa noche había sido convocada nuevamente, y aunque estaba acostumbrada a las sorpresas de Dorian, algo en el aire se sentía diferente. Al acercarse a la sala donde se encontraba él, detuvo su andar al escuchar voces tras la puerta apenas entornada.
—Dorian, sabes que esto no puede ir más allá —decía Kael con tono bajo, casi en un susurro.
—Lo sé —respondió él, seco.
—Tu ama regresará pronto, no puedes dart