El café donde Margo e Isolde se reunieron era discreto, alejado de los sitios habituales de la alta sociedad. Tenía ventanas amplias, cortinas claras y música de fondo que apenas se escuchaba. Perfecto para hablar de cosas que no debían oírse.
Margo llegó puntual, vestida con un conjunto beige impecable, el cabello recogido y el rostro cubierto por unas gafas oscuras. Isolde ya estaba sentada en la mesa del rincón, agitando distraídamente una cucharita dentro de su café.
—¿Qué sabes de Elen