La noche parecía un susurro constante en mis venas, aún ardía el recuerdo de la última vez, el peso de sus cuerpos, la mezcla de humillación y placer que me había consumido.
Pero esta vez, al cruzar las puertas del club, supe que todo sería diferente.
Un murmullo vibraba en el aire, la promesa de algo nuevo, más intenso.
Isolde me esperaba, con esa sonrisa que era a la vez desafío y recompensa.
Pero no estaba sola.
A su lado, la joven del escenario se movía con una gracia que parecía acechar el