No sé cómo pasó la semana.
O mejor dicho, sí lo sé: con ella metida en mi cabeza.
Cada noche, al cerrar los ojos, regresaban las imágenes… su piel, sus órdenes, el peso de su cuerpo sobre mí.
Y aquella joven.
Su cuerpo atado, la forma en que se arqueaba bajo la boca de Isolde, su respiración contenida, ese temblor entre placer y rendición. No la conocía, pero su recuerdo me quemaba. No por ella en sí… sino porque había sido parte del mundo de Isolde, de su escenario, y yo, entonces, solo un esp