Elena tardó más de lo habitual en prepararse esa noche.
Dorian no le había dado muchas instrucciones. Solo una nota con caligrafía impecable que decía.
“Vestido negro, cabello recogido, ropa interior, ninguna. Te recogerán a las ocho.”
Su piel vibraba bajo el terciopelo del vestido entallado que le llegaba por debajo de las rodillas. Cada movimiento le recordaba que estaba desnuda bajo la tela, y eso la hacía sentir simultáneamente expuesta y poderosa. Se maquilló con discreción, pero con la