Elena sabía que David estaba listo.
La forma en que había tomado el control en el jacuzzi, su firmeza, el dominio pulido y sensual que había desplegado… todo indicaba que el fuego en su interior estaba más que encendido. Y para celebrarlo, pensó en algo a su altura, una presentación oficial en el Aquelarre.
Aquel lugar no era simplemente un club BDSM, era un santuario, el punto de reunión de las élites sensuales, donde cada dominante perteneciente al círculo interno podía, en determinadas fecha