Alexander no dejaba de dar vueltas sobre el duro colchón del hostal de mala muerte en donde se habían visto obligados a hospedarse, se sentó de golpe sobre la cama y retiró su camiseta, estaba sudando y no podía conciliar el sueño, la imagen de esa chica no abandonaba su cabeza, jaló de sus cabellos con desespero. — vuelve a tus sentidos, Carpentier — se dijo a sí mismo.
Bajó de la cama y se paró junto a la ventana, solo se veían las luces de las pequeñas casas y el campanario de la iglesia, él