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Capítulo 5: Conexión instantanea

Virginia no había podido escuchar ni siquiera un poco de la conversación de su padre con esos hombres. Pero de lo que si estaba segura era de que se sentía distinto a la última visita de esos empresarios. Esta vez no hubo gritos, su padre no se alteró y no los mandó a correr de sus tierras y eso, la tenía muy intrigada y al mismo tiempo nerviosa.

¿Habría una mínima posibilidad de que su padre cambiara de opinión?

Cuando la reunión terminó el señor Jones se levantó de su silla para estrechar la mano de Alexander — espero tome en cuenta nuestra oferta. — le dijo al viejo hombre, que asintió con una expresión compleja en el rostro.

— Lo reconsideraré. — fue lo único que expreso para que Virginia abriera los ojos como platos ¿Cómo era eso posible?

— Un placer haberlo conocido, Sr. Jones.

— Igualmente Sr. Carpentier, gracias por venir personalmente. — los hombres asintieron y salieron por la puerta principal.

Virginia salió de su escondite y miro a su padre, él estaba sentado en su sillón pasando las manos por su cabeza — padre...

— Lo hablaremos después, Virginia. — se levantó y dejó sola a la chica en mitad de la sala, miró al sillón en donde minutos antes estaban sentados aquellos hombres, allí se encontraba un artefacto cuadrado que ella recordaba para que servía, pero no su nombre exactamente.

Salió de la casa abrazándose a sí misma, a esa hora el viento soplaba con más fuerza y había olvidado colocarse un abrigo, miró como los hombres caminaban saliendo de la propiedad y ella corrió a su encontró — ¡Esperen! — levantó la voz para que la escucharan.

Ambos se dieron la vuelta al escuchar la voz de Virginia. Alexander la miro detenidamente no dejaba de seguir impresionado de que en ese lugar tan olvidado por el mundo viviera una mujer tan hermosa, ella se acercó jadeante — olvidaron esto — les extendió el artefacto.

— Oh mi celular — exclamó Alex — Muchas gracias — le sonrió jovial.

— No tiene por qué agradecer, buen viaje caballeros. — se dio media vuelta, pero la voz del apuesto hombre la detuvo.

— En realidad, no viajaremos hasta mañana. — lo miró de nuevo, su expresión denotaba confusión, él sonrió ligeramente — debemos escuchar la respuesta de su padre.

— ¿Qué respuesta? ¿Que no venderá ni un solo pedazo de nuestras tierras? — le dijo con seguridad y un poco de molestia y desafío en su castaña mirada, Alex soltó el aire lentamente, esa mujer tenía carácter. Y acababa de descubrir que eso le gustaba de cierta manera, una mujer que no se dejaba y no tenía miedo a expresar sus emociones a pesar de lo que pueda decir el resto.

Jeanne no era ni un poco así. Muchas veces le parecía demasiado obediente y sumisa para su gusto.

Se dio una reprimenda mental por estar pensando aquello de su futura esposa.

— Esa respuesta tendrá que dármela su padre, señorita Jones.

— Les pediré un favor... — él arrugó su entrecejo ligeramente — váyanse y no vuelvan, este lugar está bien sin ustedes, sin su tecnología y máquinas que lo destruyen todo.

La sorpresa en el rostro de Alex era épica ¿En serio le había dicho eso? Miro a su amigo y el comprendió al instante su orden, inclinó su cabeza despidiéndose de la joven y los dejó solos, él la miró y apreció un poco más de cerca sus preciosos ojos, eran grandes y con largas pestañas — Señorita Jones, la construcción que realizaremos será para beneficio de Darrington — ella levantó las cejas confundida, no sabía a lo que se refería aquel apuesto hombre que acababa de conocer, pero dudaba de que eso fuera cierto ¿Qué de beneficioso tendría contaminar su adorado pueblo? — verá, usted más que yo sabe que en tiempos de sequía se pierde gran cantidad de sembríos — ella asintió a regañadientes. — con la construcción de la hidroeléctrica aseguraremos un sistema de riego de última tecnología, con funcionamiento las veinticuatro horas y completamente gratuito para ustedes.

— ¿Qué?

— Como lo oye señorita Jones, si su padre nos vende las hectáreas que necesitados, ustedes serán los primeros beneficiarios de este sistema, los gastos van por parte de la empresa, es parte del trato.

Ella se quedó en silencio unos segundos pensando que un sistema de esos sería beneficioso para su hacienda, cada año en la temporada de sequía perdían una gran cantidad de cultivos, ya que era imposible abastecer todos los sembríos. Miró a Alexander que la observaba detenidamente, él no comprendía como desde que la vio montando ese caballo no podía dejar de apreciarla, pero su embelesamiento se esfumó apenas la bella joven abrió su boca. — no es motivo suficiente para vender nuestras tierras. — El hombre alzó las cejas, ¿No era suficiente? Les estaba pagando una fortuna y encima les ofrecía un gran equipo de riego de por vida.

— ¿Puede decirme que sería suficiente para que lo consideraran? — ella se vio sorprendida con esa pregunta, en realidad no lo había pensado, simplemente no quería que su padre vendiera, no quería ver máquinas demolerlo todo, invadir sus tierras tan pacíficas.

— Creo que nada será suficiente. — no supo cómo se atrevió a decirle eso, pero ahí estaba enfrentando a un hombre que ella no tenía idea de quien era, ni del poder que poseía. Él sonrió ampliamente con su respuesta, con una nueva convicción brillando en sus pupilas, pensó que la chica era exigente y determinada, y eso le pareció muy interesante. Todo de ella lo era.

— Mañana volveré con una nueva propuesta para su padre — la chica se quedó sin palabras, el desconocido no se daría por vencido fácilmente — oh... una cosa más — Alexander rasco su cuello con incomodidad. — ¿Sabe en donde podemos hospedarnos esta noche? No trajimos auto y en realidad nunca he venido antes.

— Podría acompañarlos, hay un hostal cerca. — sonrió con su habitual amabilidad.

— Se lo agradecería mucho.

— Vamos entonces. — la chica comenzó a caminar a la salida.

— ¿No va a cubrirse?

— ¿Ah? — inquirió confundida.

— Parece que tiene frío — la señaló y ella se sonrojó — debería ponerse un abrigo.

— Claro — era la segunda vez que Alexander la veía sonrojada, y acababa de descubrir que eso le encantaba — vuelvo en un minuto.

Él asintió y la observó entrar a su casa, palmeo su rostro repetidas veces ¿Qué le sucedía? Era confusa la manera en la que se sentía cuando estaba junto a ella, eso era descabellado según su criterio ¡Acababa de conocerla! Definitivamente, tendría que sacarse esas ideas absurdas de la cabeza.

Virginia volvió junto a él con un sencillo abrigo color marrón sobre su cuerpo, y por más simple que fuera en ella se veía magnifico, pensó que resaltaba con el color de sus ojos y de cabello y de nuevo sus pensamientos se habían desviado — Vamos — ambos salieron de la villa caminando uno al lado del otro.

— La señorita Jones nos ayudará a buscar un lugar donde quedarnos esta noche. — Ray asintió con una sonrisa juguetona, Alex conocía a su amigo y sospechaba lo que estaba pensando, ¿Tan obvio era? La chica le había gustado, eso ya no podía negarlo, y si lo hacía igual su amigo no le creería.

— ¿Y qué hacen para divertirse aquí? — Alexander vio cómo su amigo se paró al lado de Virginia, hizo una mueca, su amigo era muy coqueto, y soltero… esa era la principal razón de la incomodidad del joven, no quería que su amigo se pasara de listo.

— Bueno, hay un par de bares en el centro del pueblo. — dijo ella con timidez — también se realizan carreras de caballos, y una feria al final de cada mes en la plaza central, es mi día favorito, hay mucha comida y juegos mecánicos, la rueda moscovita me encanta, siempre subo cuando tengo oportunidad... — ella lo contaba todo entusiasmada y Alexander ya se encontraba babeando, su voz tan dulce y melodiosa se escuchaba perfecta, además con esas simples palabras pudo percatarse de lo apasionada que era. El joven miró al suelo sintiéndose confundido, esa era por mucho la experiencia más extraña y grata que había tenido en mucho tiempo.

— Lo de los bares me interesa. — Alexander rodó los ojos al escuchar a Raymond ¿Por qué tenía que ser así? Pensó.

— Sí, son divertidos. — dijo incómoda, Alex pudo saber por su tono de voz, que esas no eran el tipo de cosas que le gustaban.

— ¿Y cuál es tu comida de feria favorita? — le preguntó a la joven, llamando su atención al instante.

— Emm… bueno — jugueteo con un mecho de su cabello, Alex sonrió — me encantan las fresas con chocolate, y los hot dogs con salsa de queso que prepara la señora Judith — ¿Quién carajos era la señora Judith? No se molestó en saberlo, él se encontraba perdido en su suave voz, sonreía emocionada con sus pensamientos, Alex jamás había visto una sonrisa más hermosa, un pequeño hoyuelo se marcaba en su mejilla derecha, era preciosa, volvió a repetir en su cabeza — y a usted ¿Le gusta ir a ferias?

— ¿Yo?...

— ¿Él? — Ray lo interrumpió riendo — creo que en su vida ha pisado uno de esos lugares, ya entenderás sus zapatos de marca, sus trajes caros, son cosas de simples mortales que él no se permitiría…

— Raymond. — Alex lo mira mortíferamente, eso le había molestado, y mucho, sin embargo, Virginia rio suavemente, y su enojo ya se había esfumado.

— Es una lástima — suspiró — es muy divertido comer algodón de azúcar y terminar con la cara pegajosa, pero me imagino que usted nunca sabrá qué es eso. — ¿Qué? Inquirió en su cabeza, su amigo empezó a reírse.

— Eres muy divertida Virgi, ¿Podrías ser mi amiga? — ¿Qué? Al cuadrado, Alex se vio sorprendido por el atrevimiento de su amigo, en una sola frase la tuteó, le puso un diminutivo y le pidió ser su amiga, eso era increíble.

— Ray…

— Claro — se vio interrumpido por la bella castaña — me encantaría, Ray.

Le estiró su mano y el chico la tomó gustoso, Alexander simplemente se encontraba en estado de Shock, frunció el ceño y decidió callarse para que los dos “Nuevos amigos” conversaran de sus cosas y rieran a carcajadas.

Cuando llegaron al hostal se pararon frente a la entrada principal — bueno, aquí es, ojalá haya habitaciones libres — dijo la joven.

— Iré a revisar, vuelvo en seguida. — Ray se adentró en el lugar dejándolos solos.

— Veo que le gusta hacer amigos nuevos — Alexander comentó sin poder contenerse, Virginia alzo las cejas.

— Sí, siempre me ha gustado conocer gente nueva. — suspiró— aquí es difícil, casi nadie viene de afuera.

— Ya veo. — murmuró llevando sus manos a los bolsillos. Ese tono distante llamó la atención de Virginia.

— ¿Algo le molesta? — levantó la vista hacia la chica de ojos mieles — vi que sé que incomodó por mi trato con su amigo, discúlpeme no quise ser impertinente.

Alexander no sabía cómo sentirse en ese momento, en realidad no estaba acostumbrado a que alguien quisiera comprenderlo, pero esa chica que apenas conocía ya había intuido su estado de ánimo, y aún más el motivo.

Pero lo que más le sorprendía era que se estaba disculpando, ella no tenía por qué hacerlo y él no tenía motivos para enojarse. — no tiene que disculparse — le sonrió apacible — desde que llegamos al pueblo usted ha sido muy amable con nosotros, aunque somos unos completos desconocidos que venimos a invadir su calma con nuestra tecnología extraterrestre.

Ella rio ante su comentario y él no pudo evitar hacerlo también, su risa era un tanto contagiosa y tan preciosa como su voz — Debo decir que son personas muy amables, — suspiró — aparte de sus intenciones de comprar nuestras tierras, se me hizo muy agradable conocerlos. — se miraron sin borrar la sonrisa de sus rostro, de nuevo lo hacían suprimiendo todo a su alrededor, era increíble la manera en la que sus miradas se conectaban, para Virginia era algo nuevo, y Alex aceptó que para él también lo era, aunque tenía más de diez años de relación con Jeanne, jamás habían expresado tanto con solo una mirada.

— Virginia… — El empresario se acercó dos pasos, no tenía idea de lo que estaba haciendo, simplemente se vio arrastrado a tomar la mano de la chica, ella se irguió sobre su puesto, y pudo jurar sentir una corriente subir por su brazo cuando el hombre tocó su mano.

— Yo…

— Perdón — dijo Alex soltando su mano ¿Qué había hecho? Y ¿Por qué se sentía tan bien? Esa calidez, el estremecimiento ante su suave y pequeña mano.

— Ya reservé dos habitacio…nes — bastante fue la sorpresa de Ray al encontrarse a su amigo a menos de unos centímetros de la pueblerina, arrugó el entrecejo confundido.

Alex se alejó rápidamente al verse descubierto, como un niño después de una travesura. — bueno, creo que debo irme. — dijo una muy apenada Virginia, de seguro sus mejillas estaban al rojo vivo, pensó.

— Gracias por todo. — habló el hombre aún consternado por lo que acababa de hacer. — hasta mañana y de nuevo… disculpe. — ella asintió y se alejó de ellos lo más rápido que pudo.

Él se sentía como un verdadero idiota ¿Por qué había actuado así? Se recriminaba porque de seguro la hizo sentir incomoda, lo que él no sabía es que esa era la primera vez que un hombre había tomado la mano de la chica, y ese simple gesto… la había dejado más que confundida y con el corazón acelerado. — hey, amigo ¿Qué pasó ahí? Noté algo de tensión ¿Sabes?

— Nada que debas saber. — dijo escueto para adentrarse en el hostal y evitar el interrogatorio.

Virginia llegó a su casa después de un rato, se sentía rara desde que ese hombre había tomado su mano ¿Por qué lo había hecho? Y ¿Con que propósito? Arrastró sus pies al segundo piso y entró a su habitación dejándose caer sobre la cama, la sensación de extrañeza no abandonaba su cuerpo, esa era la primera vez que sentía el tacto de un hombre diferente de su padre y hermano, y sí que era diferente.

Suspiró dándose la vuelta en la cama, no pudo evitar reír al recordar a Alexander limpiar su caro zapato, abrió los ojos como platos — ¿Qué te está pasando Virginia? — se preguntó en voz alta.

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