LUCA
Cuando finalmente logramos alejarnos y aseguramos que nadie nos siguiera, nos dirigimos a un callejón más cercano que quedaba cerca de la tienda del anciano.
—Dejémoslo por ahora aquí —propuse después de revisar la zona y comprobar que era seguro.
—Sí que pesa el canijo —se quejó Alan, luego de ayudarme a depositar el cuerpo inerte en el suelo.
Me decidí por un espacio donde nadie iba a fisgonear. Detrás de unos contenedores de basura, entre cartones y plásticos, lo acostamos abajo de todo