ANYA
Apoyada con mis rodillas en el suelo y mi cabeza inclinada casi metida debajo de la cama, buscaba un pendiente que se me había extraviado hace días. Le pregunté a la mujer que hace la limpieza en mi habitación y no supo darme respuesta, pues ella no lo había visto por ningún lado. Así que me puse a buscar por mi cuenta.
Escuche el sonido de la puerta abriéndose y después cerrándose, supuse que sería ella, viendo a ayudarme a buscar el pendiente, así que, sin salir de mi escondite, le hable