Empujé la llave; giró sin resistencia y la puerta cedió. Cerré despacio. El pasillo olía a cena recalentada. Luz blanca en el comedor. Mamá junto a la mesa, brazos cruzados, mandíbula clavada. Ben en el marco del pasillo, ceño fruncido, hombros tensos.
El estómago me dio un giro. El alcohol seguía en mi sangre; la lengua, pastosa; la cabeza, embotada. Respiré por la nariz para ordenar lo que pudiera. No quería exhibirme. No quería dar explicaciones. Quería una ducha, una cama y silencio. Y, sob