Adam manejó con una mano en el volante y la otra jugando con un encendedor. No habló mucho. Yo tampoco. Llevaba el teléfono apagado en el bolsillo interno de la chaqueta. No quería llamadas, no quería notificaciones, no quería pensar.
—¿A lo de Rew? —preguntó, sin mirarme.
—Sí. -- respondí de inmediato.
A cualquier lugar lejos de aquí.
Asintió y subió la música. Miré las calles, las veredas, los autos, la gente que caminaba. Cualquier cosa para evitar pensar en lo que había sucedido hoy. Para n