Los niños salieron del colegio a las tres y media.
No a las cuatro y cuarto de siempre.
El equipo de Valentino había coordinado con la dirección del centro antes del mediodía. Sin aviso previo a nadie fuera del perímetro inmediato. Sin que los niños tuvieran tiempo de contarle a sus amigos que se iban antes de lo habitual. Un coche discreto en la entrada lateral, el guardia de siempre, la niñera que los recogió como si fuera el procedimiento normal de un martes cualquiera.
Los trajeron directam