El vestido era rojo sangre y no dejaba nada a la imaginación.Me estudié en el espejo del vestidor mientras Carolina terminaba de ajustar el cierre en mi espalda. La tela se adhería a cada curva como una segunda piel, el escote en V descendía peligrosamente hasta el esternón, y la abertura lateral revelaba mi pierna izquierda hasta medio muslo. Era el tipo de vestido que gritaba "mírame" y susurraba "no me toques".Perfecto para cenar con un depredador.—Estás segura de esto —dijo Carolina, más afirmación que pregunta.—No tengo opción. Si me escondo, él sabrá que tiene poder sobre mí.—Ya tiene poder sobre ti, Eva. Sabe dónde vives, conoce los nombres de tus hijos, sus gustos. Esto no es un juego de negocios, es una cacería.—Entonces tendré que cazar yo primero.Me coloqué los aretes de diamantes que había comprado en Milán, regalo de mi primera adquisición empresarial exitosa. Cada piedra representaba una noche sin dormir, un contrato ganado, una versión de mí misma que Rudolph McK
Leer más