Pedí la visita la semana siguiente.
No porque lo necesitara. No porque hubiera algo que resolver con él, ningún asunto pendiente, ninguna pregunta sin respuesta que él pudiera darme. Lo que tenía que saber de Rudolph McKenzie ya lo sabía y lo que él podía decirme no cambiaba nada de lo que era ahora ni de lo que había sido.
Lo pedí porque hay cosas que necesitan terminarse en voz alta para terminar del todo.
El formulario de solicitud de visita fue el trámite más burocrático que hice esa semana