La alarma sonó a las dos y cuarenta y cuatro de la madrugada.
No la alarma exterior, que avisaba a los guardias del edificio. El canal interno del equipo de seguridad de Valentino. Un sonido específico que significaba acceso no autorizado, no amenaza confirmada, que era el intervalo de tiempo entre detectar y actuar.
Valentino se levantó antes de que yo abriera los ojos del todo.
—Quédate aquí.
—No voy a quedarme aquí.
—Eva—
—No voy a quedarme aquí con mis hijos al otro lado del pasillo mientra