El primer mensaje llegó el martes a las dos de la tarde.
No al teléfono de la empresa ni al número oficial ni a ninguno de los canales que Marcos monitoreaba con atención permanente.
Al teléfono personal que yo llevaba desde hacía cinco años y que solo conocían las personas que yo había elegido que lo conocieran.
Lo que significaba que Rudolph tenía información de alguien cercano.
O que había tenido mucho tiempo en prisión para conseguir lo que quería.
Vibró en mi bolsillo mientras Luca me expl