Los abogados llegaron a las nueve en punto.
Tres hombres de mediana edad con maletines de cuero negro y la expresión de quien ha visto demasiados divorcios para creer en los cuentos de amor.
Valentino llegó cinco minutos antes.
Solo.
Se sentó al otro lado de la mesa del comedor convertida en sala de negociación. Yo estaba en la cabecera. Carolina junto a mí, con su tablet y su cara de piedra.
El mayor de los abogados abrió una carpeta.
—La propuesta de custodia es la siguiente. Semanas alternas