El primer día no contestó.
El segundo tampoco.
Al tercero dejé de marcar su número y empecé a trabajar.
Eso es lo que hago cuando el mundo se derrumba. No lloro. No espero. Trabajo.
Carolina llegó a las siete de la mañana con dos cafés y la cara de alguien que lleva horas sin dormir.
—¿Los niños?
—Dormidos todavía. —Tomé el café sin azúcar.— ¿Las acciones?
Dejó una carpeta sobre la mesa.
—McKenzie Holding cotizó esta mañana a cuatro con treinta. El mínimo histórico.
—Compra todo lo que salga a