La llamada de Carolina llegó mientras Luca explicaba a Valentino por qué los dinosaurios no podían ser reyes de empresas.
—Mamá, tu teléfono —dijo Mía, señalando la pantalla iluminada sobre la mesa.
Vi el nombre de Carolina.
Y supe, con esa certeza animal que precede al desastre, que algo terrible había sucedido.
—Disculpa —murmuré, levantándome de la mesa.
Valentino me observó con esa intensidad que ya empezaba a reconocer.
Salí al pasillo.
—¿Qué pasó?
La voz de Carolina temblaba.
—Eva, el hos