El domingo amaneció con un silencio que no era paz.
Era expectativa.
Me desperté en mi habitación nueva.
Sábanas que no eran mías. Almohadas que olían a lavanda industrial. Cortinas que bloqueaban la luz como si el mundo exterior no existiera.
Por un segundo, olvidé dónde estaba.
Luego lo recordé todo.
La mansión. El contrato. Valentino.
Y esa frase que había susurrado anoche mientras sostenía a Mía dormida.
"Tiene mi nariz."
Me senté en la cama.
Las 7:43 de la mañana.
Afuera, escuché risas.
Lu