SOFÍA
El coche patrulla avanza por el camino de grava y yo no puedo evitar mirar de reojo a Luke. Está tan serio, tan concentrado en la carretera, que casi
puedo ver los engranajes de su cerebro trabajando. ¿Cómo puede estar tan bueno incluso cuando frunce el ceño? Es injusto, la verdad.
—Entonces... —digo, rompiendo el silencio que se ha instalado entre nosotros desde que salimos del pueblo—. ¿Un pavo real? ¿En serio? Luke me lanza una de esas miradas que deberían estar prohibidas.
Mezcla