Pov. Jesse
Había llegado a la mansión hacía diez minutos, pero no entré. Me quedé en la penumbra del pasillo lateral, oculto tras las pesadas cortinas de terciopelo que daban al comedor. El aire acondicionado zumbaba, pero yo sentía que me quemaba por dentro. Desde mi escondite, fui testigo de la ejecución de mi propia esperanza.
Vi a Matthew ponerse de pie. Vi cómo tomaba la mano de Valentina con esa delicadeza ensayada de caballero de alcurnia. Escuché sus palabras, cada una de ellas clavánd