Durante las últimas semanas, mi vida se había convertido en un campo de batalla invisible. Entre los presupuestos millonarios para la boda de Elara y la presencia asfixiante de Maia —que parecía decidida a convertirse en mi sombra—, apenas tenía tiempo para respirar. Pero el verdadero desafío no eran los contratos; era Matthew Andrews. Él no era como Jesse; no era una tormenta que te arrastraba al abismo. Matthew era un puerto seguro, un faro de estabilidad que brillaba con una luz mansa y cons