Anna se puso de pie y fue a tomar el plato de la mano de Liam, dispuesta a lavarlo ella misma, pero él le sujetó la muñeca con rapidez.
—Yo lo hago —dijo Liam, seco.
Anna lo miró sin parpadear, con una mezcla de desconcierto y sospecha en los ojos.
—¿Te sientes bien? —preguntó, siguiéndolo hasta la cocina.
Liam no respondió. Se concentró en lavar los platos mientras Anna lo observaba sin apartar la vista, como esperando una explicación. Cuando terminó, se dio la vuelta. Sus pasos, lentos y medi