Anna miró a su alrededor. El negro dominaba la habitación, tan profundo y abrumador que parecía un reflejo perfecto de Liam.
—¿Por qué está tan silencioso? —murmuró al no ver a nadie.
—No hay nadie aquí —respondió Liam con tono plano.
Anna asintió sin más, aceptando la respuesta sin insistir.
—¿Dónde está mi habitación? —preguntó después de un momento.
Liam no contestó. Subió directamente al segundo piso, y Anna lo siguió. Sus pasos resonaban en la quietud de la casa.
—Esta es nuestra habitació