El sonido de los zapatos golpeando la madera del pasillo retumbaba en sus oídos. Cassandra se quedó petrificada frente al escritorio, sintiendo cómo un sudor frío le recorría la nuca. Con el corazón a punto de salírsele por la boca, se pegó contra un rincón oscuro de la oficina, conteniendo la respiración hasta que le dolieron los pulmones.
La figura pasó de largo por el pasillo exterior. Era solo una de las empleadas de limpieza que iba Al otro lado. Cassandra dejó escapar el aire en un temblo