De vuelta en la mansión, la opresión en el pecho de Cassandra pareció disiparse un poco en cuanto cruzó el umbral de la habitación. Sobre la cama, Luca iluminó su rostro con una sonrisa inmensa al verla entrar, luciendo mucho más animado y con ese brillo infantil que tanto había extrañado. Melania, la niñera, se puso de pie de inmediato con una expresión apurada y culpable.
—Señora, de verdad me disculpo por esta vez. No pude convencerlo de que se tranquilizara, estaba muy impaciente por verla