Marcus se plantó frente a Sebastian, sosteniendo el informe impreso en sus manos con la seguridad de quien jamás se equivoca en su trabajo.
—¿Es en serio? —soltó Sebastian, con los ojos muy abiertos y el corazón latiéndole a mil por hora—. ¿De verdad está en un vuelo?
—Sí, señor. Por supuesto —afirmó Marcus con un leve asentimiento, ajustándose las gafas—. Ya lo he confirmado. Triangulamos la última señal de su dispositivo móvil a través de los nodos de la red celular europea y cruzamos el pi