Ella se acercó a la cama y acarició con cariño el rostro de su hijo.
—Luca... mi amor, despierta —le susurró, besando su mejilla.
El niño se removió bajo las sábanas, frotándose los ojitos cerrados con el dorso de la mano.
—Mamá... tengo demasiado sueño —murmuró, con la voz pastosa y cansada.
—Lo sé, cariño, pero tu padre viene en camino por nosotros. Nos iremos de aquí.
Al escuchar esa frase, los ojos de Luca se abrieron de par en par. El cansancio pareció esfumarse por arte de magia, reemplaz