Samantha no pudo evitar sonreír abiertamente. Bajaron juntos al estacionamiento, donde él, en un gesto de impecable caballerosidad, le abrió la puerta del copiloto de su auto para que subiera.
Durante el camino, la conversación fluyó con una naturalidad sorprendente. Jordan la llevó a un restaurante cercano en el corazón de la ciudad. Era un sitio de estilo parisino, con luces cálidas, música de jazz muy suave de fondo y una atmósfera íntima; un lugar poco concurrido, ideal para hablar sin tene