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Del Altar del Ex a la Corona de la Reina
Del Altar del Ex a la Corona de la Reina
Por: ARYO
CAPÍTULO 1 El encuentro que cambió sus vidas

La lluvia comenzó antes del mediodía y, en poco tiempo, convirtió las calles de Santo Domingo en un caos. Valeria Montenegro apenas lo notó. Llevaba desde temprano recorriendo el área administrativa del Hospital Universitario, revisando expedientes y terminando un informe que debía entregar antes de salir.

A sus veinticinco años estaba acostumbrada a vivir con prisa. Estudiaba Administración Hospitalaria, realizaba sus prácticas profesionales y aceptaba trabajos temporales cuando el dinero no alcanzaba. Su madre, Elena, padecía una enfermedad cardíaca y buena parte de lo que ambas conseguían reunir terminaba entre consultas y medicamentos. Por eso Valeria no podía darse el lujo de desperdiciar oportunidades.

Aquella mañana, el licenciado Herrera revisó su informe y prestó especial atención a los errores que ella había detectado durante los cambios de turno. Había expedientes duplicados, citas modificadas y pacientes obligados a esperar por fallas que podían evitarse. Antes de marcharse, Herrera le pidió que preparara una propuesta para corregir el problema.

Valeria aceptó. Ya pensaría después en el examen y los trabajos universitarios que también debía terminar.

Poco antes de salir recibió un mensaje de Elena. La consulta había terminado y el médico quería repetir algunos estudios. Su madre aseguró que no era urgente, pero Valeria conocía demasiado bien su forma de restar importancia a cualquier noticia preocupante. Decidió hablar con ella al llegar a casa.

Terminó la jornada cerca de las dos. Tenía hambre, aunque evitó comprar comida en el hospital. El dinero que llevaba debía alcanzar para el transporte y uno de los medicamentos de Elena. Guardó los documentos dentro de su vieja carpeta azul y salió bajo una lluvia que no parecía dispuesta a detenerse.

A varias calles de allí, Adrián Castillo acababa de abandonar una reunión del Grupo Castillo.

Su padre había pasado la última hora hablándole de Camila Alcántara y de las ventajas que supondría unir ambas familias mediante un matrimonio. Adrián conocía a Camila, pero nunca habían tenido una relación seria. Para Ernesto Castillo aquello importaba poco. Veía la boda como una alianza capaz de fortalecer dos imperios empresariales.

Adrián se negó.

Había aceptado demasiadas decisiones tomadas por otros. Estudió lo que esperaban de él, regresó al país y ocupó su lugar dentro de la compañía familiar. No permitiría que también eligieran a su esposa.

La discusión terminó mal.

Adrián tomó las llaves y salió antes de que su padre pudiera convertir la conversación en otra orden.

Condujo sin un destino concreto, ignorando las llamadas que comenzaron a aparecer en su teléfono. Necesitaba unos minutos sin escuchar hablar de apellidos, negocios o responsabilidades.

Fue entonces cuando Valeria perdió el autobús.

Lo vio alejarse cuando apenas llegaba a la parada. El siguiente tardaría demasiado y todavía debía pasar por la farmacia, así que decidió caminar hasta otra avenida.

Guardó la carpeta debajo de la chaqueta y avanzó cerca de la acera mientras pensaba en los nuevos estudios de Elena. Aquella preocupación fue suficiente para distraerla.

Tampoco Adrián prestaba demasiada atención.

Una de las ruedas del automóvil negro atravesó un charco profundo.

El agua cayó directamente sobre Valeria.

Se quedó inmóvil durante un segundo, completamente empapada. Después miró el automóvil que continuaba avanzando y sintió que toda la frustración del día encontraba finalmente un culpable.

Adrián vio lo ocurrido por el retrovisor y frenó.

Regresó de inmediato.

Encontró a Valeria intentando proteger la carpeta mientras el agua descendía por su cabello y su ropa. Se disculpó y explicó que no había visto el charco, una aclaración que solo consiguió empeorar la expresión de ella.

Cuando Valeria abrió la carpeta y descubrió que varias páginas comenzaban a humedecerse, dejó de prestar atención al conductor.

Adrián comprendió que aquellos documentos eran más importantes que la ropa mojada. Se quitó la chaqueta y la utilizó para cubrirlos.

Valeria levantó la mirada.

Fue entonces cuando realmente lo vio.

Alto, bien vestido y junto a un automóvil que dejaba claro que no tenía que preguntarse cuánto costaría reparar algo si se rompía. Aun así, lo único que le importaba en aquel momento era evitar que su trabajo terminara convertido en papel mojado.

Adrián también la observó con atención.

Había algo extraño en la forma en que ella lo miraba.

No había reconocimiento.

No parecía saber quién era.

Para Valeria, él era únicamente el hombre que acababa de arruinarle la tarde.

Después de pasar toda la mañana siendo tratado como el heredero de un imperio, aquella indiferencia le resultó inesperadamente agradable.

Intentó ofrecerle dinero para compensar el daño, pero Valeria lo rechazó. Solo quería salvar los documentos y llegar a casa.

La lluvia aumentó.

Adrián señaló una cafetería al otro lado de la avenida y propuso esperar allí hasta que disminuyera.

Valeria dudó. Entrar en un local con un desconocido que acababa de empaparla no figuraba entre sus planes del día. Sin embargo, tenía frío, había perdido el autobús y todavía necesitaba esperar antes de continuar caminando.

Aceptó.

Solo sería un café.

Cruzaron la avenida juntos. Adrián continuó protegiendo la carpeta con su chaqueta mientras Valeria trataba de evitar nuevos charcos.

Por primera vez desde que salió del Grupo Castillo, él dejó de pensar en Camila y en la discusión con su padre.

Valeria, en cambio, solo intentaba decidir si aquel hombre era realmente amable o simplemente estaba acostumbrado a solucionar cualquier problema con facilidad.

Ninguno vio el automóvil gris estacionado cerca de la cafetería.

Desde el interior, una mujer observó cómo Adrián abría la puerta y dejaba pasar a Valeria. Sacó el teléfono y tomó una fotografía.

La envió de inmediato.

Necesitaban identificar a la joven.

La respuesta llegó pocos segundos después.

La mujer volvió a mirar la imagen. Adrián aparecía inclinado hacia Valeria mientras protegía sus documentos de la lluvia.

Podía tratarse de un accidente sin importancia.

Pero había ocurrido apenas unas horas después de que él rechazara la unión con Camila Alcántara.

Eso bastaba para convertir a aquella desconocida en un problema.

Mientras la puerta de la cafetería se cerraba detrás de ellos, alguien ya comenzaba a investigar a Valeria Montenegro.

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