La mansión de los Sinisterra era un hervidero de actividad. Falta solo un día para la boda de Alanna y Leonardo, y cada rincón de la casa estaba lleno de movimiento. Criados corrían de un lado a otro con ramos de flores, manteles bordados y cajas llenas de decoraciones. El sonido de las risas y las conversaciones animadas llenaba el aire, pero en medio de todo el bullicio, Alanna parecía flotar como una sombra, ajena al caos que la rodeaba.
La señora Sinisterra, con su habitual eficiencia, supe