La noche había caído sobre la mansión de los Pérez envolviendo todo en un silencio pesado y opresivo. Esteban yacía en su cama, con los ojos abiertos, mirando al techo. El sueño no llegaba, y su mente estaba atormentada por pensamientos que no podía controlar. Desde que había descubierto las mentiras de Allison, desde que había sido encerrado en esa habitación como un prisionero, su vida se había convertido en una pesadilla interminable.
De repente, un murmullo bajo pero perceptible llegó a sus