El sol brillaba alto en el cielo cuando Alanna decidió salir al jardín. La mansión estaba en silencio, pero algo en su interior le decía que había algo fuera de lugar.
Al caminar entre los senderos de piedra, una escena la hizo detenerse en seco.
Leonardo estaba sentado en una banca, con una botella de licor en la mano. Su postura, siempre firme y dominante, ahora lucía derrumbada. Tenía la mirada perdida en el suelo y, aunque intentaba mantener su expresión fría, sus manos temblaban.
Eso fue l