El silencio de la casa comenzaba a pesarle más que nunca. Desde la muerte de su madre, Miguel se había vuelto una sombra de sí mismo. Caminaba por los pasillos como si buscara algo, como si esperara que en cualquier rincón ella apareciera, regañándolo con esa mirada dura, pero protectora que siempre supo clavarle como cuchillo cuando era necesario. Y ahora, con su ausencia tan rotunda, era como si todas esas advertencias que antes había ignorado se volvieran gritos sordos en su cabeza, exigiénd