Los días transcurrieron bajo un cielo gris y encapotado, con la lluvia golpeando incesante los ventanales de la mansión Sinisterra. El aire helado se colaba por los pasillos, intensificando el frío que se filtraba hasta los huesos.
Leonardo ya se sentía mejor. La fiebre había cedido por completo, pero el cansancio persistía. Sin embargo, lo que más ocupaba su mente no era su recuperación, sino Alanna.
Desde hacía dos días, había notado algo extraño en ella. Sus movimientos eran más lentos, su r