Salió del estudio antes de que su padre pudiera responder. Caminó por el pasillo con los tacones resonando como martillazos. Apenas cruzó la puerta, se apoyó en la pared y apretó los puños. Sabía que estaba perdiendo el control sobre él. Sabía que si Alberto seguía bebiendo así, tarde o temprano iba a decir cosas que no debía.
Y lo peor es que alguien más podría escucharlas.
—Tengo que actuar pronto... —susurró para sí misma—. Antes de que empiece a recordar demasiado.
El silencio que envolvía