El sol apenas se asomaba entre las nubes grises que cubrían el cielo, como si la misma naturaleza estuviera de luto. En la casa de los Sinisterra, el ambiente era espeso, casi irrespirable. Un silencio denso lo cubría todo, interrumpido solo por el crujido de los pisos de madera cuando alguien caminaba con pasos arrastrados.
En la habitación principal, Alanna estaba de pie frente al armario. Leonardo la observaba en silencio, recostado contra el marco de la puerta. Ella sacaba un vestido negro,