La noche había caído sobre la ciudad con una espesura extraña, como si las nubes se hubieran tragado la luna y las estrellas hubieran huido del cielo por miedo a lo que iba a suceder.
Allison se encontraba en su habitación, sentada en la oscuridad, con las luces apagadas y los ojos clavados en la nada. Jugaba entre sus dedos con el dije dorado que siempre colgaba de su cuello, un recuerdo de una infancia fingida. En la pantalla de su celular, un número sin nombre parpadeaba.
—Ya es hora —susurr