El ambiente en el salón principal de era tan denso que casi podía cortarse con el filo de una copa. Las luces resplandecían sobre las copas de champán, los arreglos florales centelleaban bajo el cristal de las arañas, y los murmullos se deslizaban entre mesas cubiertas de terciopelo oscuro. Todo parecía una velada perfecta. Una gala cuidada hasta el más mínimo detalle.
Nadie sospechaba lo que estaba a punto de suceder.
En la mesa principal, Alanna observaba el escenario con una calma estudiada.